
Barricas como mobiliario
Sirven de mesas altas para el cóctel, de base para el seating plan o de soporte para los centros florales. Basta un tablero redondo y un mantel corto.
Cepas · Barricas · Maridaje
Viñas a más de 700 metros, salas de barricas que huelen a roble y una tradición vinícola que se remonta a los romanos. La Serranía es el rincón de Málaga donde mejor sabe una boda.
Eventos Alma Málaga · Bodas en bodegas de la Serranía de Ronda
En las ruinas de Acinipo, la ciudad romana que se alza en una meseta al noroeste de Ronda, se acuñaron monedas con racimos de uva. Dos mil años después, la Serranía sigue dando vino, y cada vez más parejas eligen celebrar sus bodas en bodegas de Ronda: ceremonias entre hileras de cepas, cócteles convertidos en catas y cenas largas en salas donde el vino descansa en barrica. Si buscáis una boda entre viñedos en Málaga, este es vuestro territorio.
Nosotros nos encargamos de encontrar la bodega que encaja con vuestro número de invitados y vuestro estilo, de coordinar al enólogo, la cocina y la música, y de resolver la parte menos romántica: accesos de tierra, aparcamiento, transporte y un plan alternativo por si el cielo de la sierra cambia de opinión.
Ronda fue tierra de viñas hasta finales del siglo XIX, cuando la filoxera arrasó buena parte del viñedo andaluz. Durante casi un siglo el cultivo quedó en anécdota, hasta que en los años noventa un puñado de proyectos lo recuperó con una idea clara: aprovechar la altitud, el contraste entre el calor del día y el fresco de la noche y los suelos calizos y arcillosos de la meseta.
Hoy esos vinos se amparan en la Denominación de Origen Sierras de Málaga, dentro de la subzona Serranía de Ronda. Se elaboran tintos con variedades como tempranillo, syrah, cabernet sauvignon, merlot o petit verdot, y blancos y rosados con chardonnay, sauvignon blanc o garnacha. Muchas bodegas son pequeñas y familiares, rodeadas de su propio viñedo, lo que permite celebrar la boda literalmente junto a las cepas que dieron el vino de la mesa.
La mayoría se reparte por los alrededores de Ronda y por los términos de pueblos como Arriate, en la vega del Guadalevín; Montecorto, camino de la sierra de Grazalema; o Benaoján, junto al valle del Guadiaro y a pocos kilómetros de la Cueva de la Pileta. Las distancias son cortas: casi todas quedan entre diez y treinta minutos del centro de Ronda, lo que facilita alojar a los invitados en la ciudad.
Así suele desarrollarse un día de boda en una bodega de la Serranía. Lo adaptamos a vuestro ritmo y a la estación.
Montamos el pasillo en una calle del viñedo, con las vides como columnas naturales. En primavera las hojas son de un verde tierno; en otoño, tras la vendimia, se vuelven rojizas y doradas. Puede ser simbólica o civil con trámite previo, y la acompañamos con cuarteto, guitarra o un coro pequeño.
En lugar del cóctel de pie habitual, proponemos estaciones de cata guiadas por el equipo de la bodega: un blanco fresco con aperitivos fríos, un rosado con fritos, un tinto joven con chacinas. Los invitados pasean, prueban y preguntan. Rompe el hielo mejor que cualquier animación.
Un paseo de quince minutos por la nave de crianza, con la luz baja y el olor a madera, mientras se prepara el comedor. Es uno de los momentos que más se fotografían.
Cada plato llega con su vino, explicado en una frase por el enólogo o impreso en la minuta. Un menú de cinco tiempos con tres o cuatro referencias de la casa es un buen equilibrio.
Las bodegas suelen estar lejos de núcleos urbanos, así que el cielo nocturno es espectacular. Montamos pista, iluminación cálida colgada de los árboles y, cuando refresca, braseros y mantas.
Según la variedad y el año, la recogida de la uva en la Serranía arranca a finales de agosto con los blancos y se prolonga durante septiembre, y a veces hasta octubre, con los tintos más tardíos. Es la época más evocadora para una boda en bodega: racimos colgando, cajas de uva en las naves y ese olor dulce a mosto en el aire.
Hay que saber dos cosas. La primera, que durante esas semanas la bodega trabaja a destajo y algunas limitan los eventos a determinados días; la segunda, que la fecha exacta depende de la maduración y no se puede fijar con un año de antelación. Lo resolvemos reservando con margen y diseñando actividades que funcionen tanto si la vendimia ha empezado como si no: pisado simbólico de uva, decoración con racimos o un brindis con mosto recién prensado.
Si os atrae el otoño, en nuestro artículo sobre cuándo casarse comparamos septiembre y octubre en distintas zonas de la provincia.

Una bodega trae media decoración de serie. Nuestro trabajo es subrayarla.

Sirven de mesas altas para el cóctel, de base para el seating plan o de soporte para los centros florales. Basta un tablero redondo y un mantel corto.

Marcadores de mesa sobre corcho, cajas de vendimia como expositores de dulces, coronas de sarmiento seco para el arco de la ceremonia. Materiales honestos que no compiten con el paisaje.

Granates, burdeos, ocres y verde oliva. En flor, dalias, rosas de jardín, olivo y espigas. Velas en candelabros de hierro para la cena en la nave.



El maridaje no es un capricho de enólogo: si el menú está pensado para los vinos de la casa, la boda tiene un hilo conductor. Algunas combinaciones que funcionan en la Serranía:
Coordinamos a la cocina de la bodega o a un catering externo, según el caso; podéis ver cómo lo planteamos en catering para bodas y celebraciones.
Un consejo de logística: en una boda maridada hay que reforzar el agua en mesa y garantizar transporte de vuelta. Nadie debería conducir de madrugada por carreteras de sierra después de cinco vinos.
Muchos invitados llegan el viernes y se marchan el domingo. Les preparamos un pequeño programa para que conozcan la comarca:
Lo explicamos con más detalle en eventos y actividades en Ronda. Y si queréis el panorama completo de la ciudad, empezad por nuestra guía de bodas en Ronda.

Con esa información os presentamos dos o tres opciones comparables, con pros y contras honestos. Si os interesa también ver cortijos y fincas sin viñedo, mirad nuestra selección de fincas para bodas en Málaga o el artículo sobre cómo elegir finca.
Mayo, junio, septiembre y octubre. En primavera el viñedo está verde y el clima es suave; en septiembre y octubre coincide con la vendimia y los colores otoñales. En pleno verano funciona si la ceremonia es tarde y la cena al aire libre.
Sí. Se amparan en la DO Sierras de Málaga, dentro de la subzona Serranía de Ronda, con tintos, blancos y rosados elaborados a partir de viñedos situados en torno a los 600-900 metros de altitud.
En muchas bodegas sí. Montamos la ceremonia en una calle del viñedo o en un claro junto a él. Hay que prever calzado adecuado, sombra para los invitados mayores y una superficie nivelada para las sillas.
Con tres o cuatro estaciones atendidas por personal de la bodega, cada una con un vino y unos aperitivos pensados para él. Dura lo mismo que un cóctel tradicional, unos noventa minutos, y los invitados la recuerdan mucho más.
Puede ser un plus, pero hay que hablarlo con la bodega con antelación porque algunas limitan eventos en esas semanas. Diseñamos el día para que funcione tanto si la recogida está en marcha como si se retrasa.
Lo habitual es alojarse en Ronda y usar lanzaderas desde el centro. Si el acceso es una pista estrecha, usamos microbuses o furgonetas en lugar de autocares grandes. Así nadie tiene que conducir después de la cena.
Algunas acogen bodas de más de cien invitados con carpa o naves amplias, pero la mayoría brilla en formatos de cincuenta a ciento veinte personas. Os decimos con franqueza qué espacios encajan con vuestra lista.
Es uno de los detalles más bonitos: botellas pequeñas con etiqueta personalizada o una caja de dos botellas para los padrinos. Lo gestionamos con la propia bodega y con plazo suficiente para el etiquetado.
Decidnos la fecha que tenéis en mente y cuántos seréis. Os proponemos bodegas de la Serranía que encajen y un primer presupuesto sin compromiso.